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enero 19, 2011

Vivimos en transparencia

Vivimos en transparencia ... con un umbral mínimo de conciencia.

Cuando por ejemplo, caminamos, conducimos un automóvil, escribimos a mano o tipeamos en un teclado, cuando hablamos por teléfono, cuando comemos … todo ello lo hacemos en transparencia,

no tenemos la atención puesta en cada paso que damos, en cada maniobra que realizamos, en cada letra que escribimos o tecla que presionamos, en el aparato que sostenemos, en el cubierto que utilizamos …

Actuamos sin tener clara conciencia de escalones, auriculares o tenedores y nos desplazamos en plena “sintonía” con el mundo, … hasta que “algo” sucede ... algo que “escinde” esta sintonía y nos plantea -entonces sí- a la atención, la relación sujeto-objeto.

Así, entonces, al caminar puedo ir pensando en los productos que miro en las vidrieras, en las emociones emergentes de la actividad que acabo de desarrollar o aquella que voy a encarar, … Pero si de pronto resbalo, la vereda y mi pie se presentan con una entidad que hasta ese momento no tenían. Se ha quebrado la transparencia. La vereda y mi pie aparecen como objetos de atención. De la misma manera, al manejar, voy prestando atención a los carteles que indican el camino, a los otros autos, a los peatones … No voy pensando en la bomba de nafta, las correas de distribución o el rodaje de los neumáticos. Pero si de pronto un neumático revienta, en ese momento el neumático sale de la transparencia para constituirse como objeto. Se ha producido un QUIEBRE.

Qué es un quiebre?

Los quiebres como juicios y como declaraciones personales.

Cuando los quiebres se presentan como consecuencia de hechos externos, nos encontramos en el área de los juicios en sentido técnico. Ante un determinado hecho, juzgo que tal acontecer ha generado una modificación en mis expectativas, alterando mi campo de acción. Por eso, ya que los juicios admiten discrepancia, una misma situación puede ser quiebre para uno y no para otro …

Pero además ese juicio puede a su vez tener una connotación o bien negativa o bien positiva, según que yo evalúe que a partir de lo acontecido se me cierran o se me abren espacios de posibilidad. Nuevamente un quiebre puede ser enjuiciado por uno de forma positiva y por otro de forma negativa …

En realidad estamos ante una cadena de dos juicios: el primero, por el cual declaro el quiebre, el segundo, por el cual defino su sentido.

Pero además, los quiebres pueden también ser declarados por el propio sujeto, revistiendo entonces el carácter de herramientas para el diseño de futuro. Son particularmente ejemplificativas a este respecto aquellas situaciones en que resolvemos decir “basta” a una determinada situación o relación, o en que decidimos (a partir de una previa declaración de “no sé”) ponernos a aprender algo (ya sea pilotear un avión o cursar la carrera de medicina)

Resumen

Así pues,

Ø Como principio general, vivimos en transparencia, fluimos con el mundo …

Ø Si como consecuencia de algún evento externo, ese fluir se interrumpe, recién entonces se nos presenta la dualidad sujeto-objeto y emprendemos una acción reflexiva.

Ø Pero los quiebres pueden encontrar también su fuente en declaraciones emanadas del propio sujeto.

Ø En el primer caso, estaremos ante juicios en sentido técnico, con todas las características propias de estos actos del habla, a lo cual añadiremos un componente adicional, cual es la definición del signo –positivo o negativo- que otorguemos al quiebre.

Ø En el segundo, esto es, ante las declaraciones personales, nos encontramos con herramientas poderosas para nuestro propio diseño de futuro.

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