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marzo 06, 2011

Adicciones emocionales


La definición de una adicción es realmente simple: algo que no puedes detener.
Nos causamos a nosotros mismos situaciones que satisfarán el ansia bioquímica de las células de nuestro organismo. Las células reclaman “su ración de neuropéptidos” de aquello a las que las hemos “acostumbrado”: tristeza, frustración, ansiedad … Los estados emocionales básicos que transitamos están así determinados por cadenas de pensamientos recurrentes (derivadas del funcionamiento de nuestro cerebro conforme la ley de memoria asociativa), generadoras a su vez de respuestas químicas esperadas por todas las células del cuerpo. Y para satisfacer el deseo celular de tales químicos, si no podemos hacer que el suceso ocurra realmente en el mundo exterior tal vez lo relatemos o lo evoquemos ya que los mismos mecanismos internos se ponen en acción en uno u otro caso, generando los neuropéptidos correspondientes.

La adicción a las emociones no es simplemente psicológica, sino bioquímica. Si nuestro objetivo es modificar esta situación tendremos que cambiar nuestra manera de pensar, interrumpir conexiones preexistentes, aprender a reinterpretar, ya que si estamos bombardeando nuestras células con la misma actitud y la misma química una y otra vez diariamente, todas ellas al dividirse, generarán nuevas células con más sitios receptores para esos neuropéptidos y menos sitios receptores para otros, incluyendo los correspondientes a vitaminas, minerales, nutrientes, intercambio de fluidos e incluso la eliminación de productos de desecho o toxinas.

Por eso son tan importantes los tipos de pensamientos que generemos. Y ello constituye por ende al propio tiempo un sólido basamento para el despliegue de las terapias del tipo “cognitive reframing” o de reprogramación emocional.

Según el “dogma” de la PNIE (psiconeuroinmunoendocrinología), dada la esencial interacción que ocurre entre los procesos psicológicos y fisiológicos del ser humano, la mente o la actividad del cerebro es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte y a favor de la salud y el bienestar, de modo que mediante esta disciplina estamos asistiendo al advenimiento de un nuevo modelo que por primera vez integra “científica y oficialmente” los previamente dualísticos conceptos de mente y cuerpo. El nuevo concepto implica que el cuerpo y la mente interactúan cada uno afectando al otro.

Innumerables ejemplos confirman lo expuesto. Desde los ultraconocidos efectos ”placebo” y “nocebo” que tantas “interferencias” causan en los estudios clínicos de nuevos fármacos, hasta las “mágicas curaciones” de enfermos terminales por métodos de “sanación” no convencional. En realidad, pensamos, lo que subyace a tales “sanaciones” es siempre el poder de la mente. En algunos casos este poder aparecerá en forma más o menos directa (por procesos de visualización, oración, etc), En otros aparecerá disfrazado bajo la forma de acciones externas (rituales, por ejemplo), pero en última instancia esas acciones “externas” habrán desatado los mecanismos internos que en definitiva permitieron la superación de la crisis mediante la activación de la creencia (fe) de la persona en su efectividad, a la manera de una “interioridad mediada por el rito” del poder de la mente.

Numerosos estudios presentan situaciones que de otro modo resultarían absolutamente inexplicables. Como expresara Norman Cousins, “la creencia se convierte en biología”. (Norman Cousins fue generador de la primera “terapia de la risa” reportada por la medicina tradicional en 1964, y promotor de la creación de la cátedra de PsicoNeuroInmunología en la Facultad de Medicina de la UCLA, lo que se pudo concretar gracias a la colaboración y financiación de la señora Joan B. Kroc (viuda del señor Ray A. Kroc, fundador y propietario de la cadena de restaurantes de comida rápida “Mc Donald’s”)

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