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marzo 12, 2011

Emociones y estados de ánimo



En primer lugar, interpretamos que la vida cotidiana fluye en transparencia. Qué significa esto? Que, contrariamente al carácter reflexivo que solemos atribuir a nuestros actos, lo cierto es que la mayor parte de nuestras acciones cotidianas se realizan de modo por así decir “automático”. Cuando escribimos a mano no estamos pensando en cada letra que dibujamos, ni en la tinta o el mecanismo de la lapicera que utilizamos; cuando manejamos un auto no estamos pensando en el funcionamiento del motor, el giro de las ruedas, el mecanismo del embrague o la física de la bomba de nafta. Sólo si en determinado momento la birome deja de funcionar, el auto presenta un comportamiento inesperado, pinchamos un neumático o nos quedamos sin nafta es que tomamos “conciencia” de la existencia de tales elementos que hasta entonces dábamos por “garantizados”, constituyéndolos como “objeto” de nuestra atención. Y sólo allí surge la dualidad “sujeto-objeto”. Tal la noción de “transparencia”.

Ahora bien, cuando un suceso cualquiera altera esta situación de transparencia inmediatamente y en forma automática definimos dos cosas: En primer lugar, el “quiebre” en sí (es decir, decidimos si para nosotros esa circunstancia interrumpe o no nuestra transparencia), y en segundo lugar, atribuimos a ese quiebre un determinado “signo”. Diremos en tal sentido que un “quiebre” tiene sentido positivo si percibimos que a partir de él nuestro horizonte de posibilidades se expande, y contrariamente será percibido como de signo negativo si interpreto que mi mundo de posibilidades se restringe, o que se cierran caminos o puertas.

Inmediatamente, también, ese juicio de quiebre en sí, con más el juicio adicional de “sentido” del quiebre, “gatilla”, “dispara” en otros tres órdenes, prácticamente en inmediata secuencia: una emoción, su correspondiente impacto corporal, y una conversación interna.

Y superada esa primera conversación interna, que llamamos “conversación de juicios personales”, probablemente nos pongamos inmediatamente en camino para “restaurar” la transparencia mediante la “acción”. Puede que la nueva situación de transparencia no sea idéntica a la anterior, pero en última instancia, el objetivo final de la acción será “recuperar la transparencia”. (en los ejemplos anteriores, seguir escribiendo, continuar manejando, etc)

Por eso entonces, decimos que ante un quiebre -entendiendo una vez más como “quiebre” el juicio formulado por un sujeto en relación a un acontecimiento que interrumpe su fluir en transparencia alterando su horizonte de posibilidades, bien sea ampliándolas o restringiéndolas- se desata de inmediato una emoción. También se desata una conversación interna, pero centrándonos ahora en la emoción, lo cierto es que las emociones encuentran un acontecer específico que constituye su “detonante”, en forma nítidamente reactiva.

En cambio, los estados de ánimo configuran el trasfondo general desde el cual actuamos, y a partir del cual nuestro mundo se presenta con determinado nivel de posibilidades de acción. Los estados de ánimo encuentran su base en los juicios que recurrentemente formulamos respecto de la realidad. Tales juicios constituyen por así decir la “coloración” de los lentes a través de los cuales miramos nuestra realidad y nuestra vida. Corresponden a nuestras interpretaciones habituales de los sucesos durante períodos más o menos prolongados en el tiempo, no siendo dable a su respecto encontrar un “acontecimiento detonante específico”. Al contrario, los acontecimientos son interpretados constantemente a través de estas “lentes de colores” que tiñen nuestras conversaciones y definen el marco de nuestra emocionalidad.


Y ello reviste un carácter crucial para el logro de nuestras metas, pues según el estado de ánimo que transitemos así será nuestra predisposición para la acción. Si desde nuestro estado de ánimo ni siquiera alcanzamos a percibir las oportunidades, o si aún percibiéndolas no logramos reunir las fuerzas necesarias para actuar, entonces lo que se impone es encontrar caminos para diseñar nuestros estados de ánimo de modo de alinearlos con nuestros objetivos. Finalmente, el ideal será poder disfrutar de aquellos estados de ánimo que nos predisponen positivamente hacia la acción, la superación de las dificultades, y la consecución de nuestras metas.

Sintetizando, los seres humanos habitamos siempre en un determinado estado de ánimo que comúnmente no elegimos ni controlamos: simplemente ese estado "nos posee". En tal sentido, los estados de ánimo son constitutivos de la existencia humana, configurando, al decir de Maturana, el marco de "predisposición para la acción". Según el estado de ánimo en que nos encontremos, determinadas acciones van a ser o no posibles, algunas posibilidades estarán abiertas, y otras cerradas.

El estado de ánimo es algo así como “la música de fondo” desde la cual funcionamos. CUÁL ES TU MÚSICA?

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