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mayo 04, 2011

Al estilo Niels Bohr


Relato de Sir Ernest Rutherford, presidente de la British Royal Society, Premio Nobel de Química 1908.

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: “Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.”

El estudiante había respondido:

"Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio."

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la puntuación, de alguna manera se estaría certificando un alto nivel en su conocimiento de física, pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.

Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta:

“tomo el barómetro y lo lanzo al suelo desde la azotea del edificio, calculo el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la fórmula altura = 0,5 por A por t^2. Y así obtenemos la altura del edificio.”

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo: tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio. Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?

Si, contestó, éste es un procedimiento muy básico para medir la altura de un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te situás en las escaleras del edificio, en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período ….

En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del portero Cuando abra, decirle: "Señor portero, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo".

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían enfatizado siempre lo importante que era aprender a a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922.


Ahora bien, qué significa aprender a pensar? Cómo se aprende a pensar? En qué punto de vista debemos “posicionarnos” para poder generar alternativas “al estilo Bohr”?



De qué manera te ayudaría el “estilo Bohr” a la hora de encarar los problemas de tu vida cotidiana o en las áreas en que no estás logrando los resultados esperados? Y cómo se vincula el coaching con este paradigma?



Recordemos la sentencia:

Si seguimos pensando de la manera como venimos pensando,

Vamos a seguir haciendo lo que estamos haciendo,

Y por lo tanto vamos a seguir obteniendo lo que estamos obteniendo …


Entonces, por “carácter transitivo inverso”, qué tenemos que cambiar para cambiar nuestros resultados? Exacto!!! Lo que tenemos que cambiar es el modo como pensamos!!! Si la única opción posible para nosotros es la de la respuesta tradicional (la comparación de las presiones atmosféricas en el barómetro al nivel de la planta baja y de la azotea), tendremos también limitadas al extremo nuestras posibilidades de acción … Porque te pregunto, qué pasaría si no tuvieras un barómetro? Si te lo hubieran robado, si se te hubiera roto, o simplemente no tuvieras dinero para comprarlo? Porque muchas de las otras respuestas de Bohr no requieren siquiera un barómetro!! Pueden ser hechas con otros objetos!! Es más, si vamos a la oficina de catastro y pedimos los planos para saber la altura del edificio, ni siquiera precisamos objetos!!!


En qué áreas de tu vida te encuentras estancado “por no tener el barómetro” … suspirando mientras piensas que las cosas serían diferentes si lo tuvieras? Qué recursos sí tenés a tu disposición en este momento para abordar el problema?


Desde la perspectiva de la ontología del lenguaje como sustento teórico del coaching, cada persona es un líder, esto es, un ser capaz de diseñar y realizar acciones que impacten en sí mismo y en su contexto vital. De qué manera se inicia ese camino de liderazgo? Pues aprendiendo a pensar!!! Aprendiendo a superar los paradigmas limitantes que reducen nuestro repertorio de soluciones disponibles ante los problemas de la vida a unos cuantos modelos dados … Aprendiendo a “declarar” quiebres …


Volviendo al relato, por supuesto que en un contexto “escolar clásico” como el planteado en el ejemplo aquellos alumnos que respondieron a la situación problemática sobre el edificio y el barómetro con la respuesta “standard” (aquella que el profesor “esperaba”, “académicamente correcta” y “socialmente aceptable”) obtuvieron una calificación positiva en el examen sin las angustias de Bohr Pero obtuvieron luego acaso un lugar en la historia de la física como su compañero? Produjeron avances en el mundo científico a partir de esas simples “respuestas correctas”? Desde ya que Bohr sabía la respuesta “correcta”!! y también otras incluso técnicamente más elaboradas y complejas, y también algunas tan simples como la de preguntarle al portero, eso sí, conforme la consigna, “usando el barómetro” … para golpear la puerta!!! Pero lo más importante es el “repertorio” que había generado …


Cuánto se enriquecería nuestro mundo si extrapoláramos esta “actitud generadora de alternativas” a todos los ámbitos de nuestra existencia?



En algún punto de la historia reciente la teoría de la administración empezó a crear (y las empresas a aplicar) técnicas de brainstorming. Tiempo después Edward de Bono logró en vida un lugar en el diccionario Oxford como creador del así denominado “pensamiento lateral”. Si empresas como Boeing (UK), Nokia (Finland), Rolex o Nestlè (Switzerland), Total (France), Siemens y 3M (Germany), Ericsson (Sweden) y tantas otras aplican estos principios … no será hora de que nosotros también iniciemos un entrenamiento susceptible de “abrirnos horizontes a la posibilidad”? Un pensamiento “productor” de opciones, más que “repetidor” de respuestas?


Qué tal si hoy te animaras a observar un problema concreto de tu vida cotidiana, o un área en la que no estás obteniendo los resultados que anhelas, y te animaras a colocarte en otro punto de vista? Si monitorearas tus creencias y mandatos autolimitantes y los cuestionaras para liberarte y poder generar otras alternativas? Después por cierto podrás evaluarlas –como diría de Bono- poniéndote “el sombrero negro” todo lo que quieras … pero tal vez descubras cosas sorprendentes! Tal vez descubras cosas maravillosas!!


Nunca descubriremos nuevas tierras

si no nos animamos a perder de vista la costa

durante un tiempo …


Cómo sería para vos probar hoy el “estilo Bohr” y “hacer funcionar el lóbulo frontal” para proyectar y producir otros modos de acción?


“Suelta amarras!

Abandona el puerto seguro!

Atrapa los vientos en tus velas!

Explora, sueña, descubre …

Mark Twain

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