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junio 29, 2011

El niño interior. Rituales de manipulación y consuelo


Retrocedamos un poco hacia la más tierna infancia.

Los niños pequeños son absolutamente egocéntricos (ok, algunos no tan pequeños también). El punto es que manejan el lenguaje corporal de manera absolutamente funcional. Cuando necesitan comida o quieren atención, gritan o lloran. Si la comida no les gusta hacen una mueca de asco y cuando no quieren más mueven la cabeza de un lado a otro. Cuando se enfadan cruzan los brazos y bajan la cabeza, adelantando el labio inferior. Si mienten intentan cubrirse la cara con las manos y no les importa en absoluto tener una rabieta en un lugar público. También desarrollan un sistema muy sofisticado para calmarse y consolarse a sí mismos, se chupan el dedo o se acurrucan con la mantita de la cuna, se mecen, o mordisquean un juguete. Obviamente ya hemos superado todo esto, verdad?

RITUALES DE MANIPULACION Y CONSUELO.

Por supuesto es posible que ya no nos chupemos el dedo pero seguramente hemos encontrado algún sustituto para llevarnos a la boca cuando nos sentimos presionados, ya sea un cigarrillo o un bológrafo. (las galletitas no cuentan, o sí?) Nos guste o no, conservamos muchos gestos del lenguaje corporal de un bebé y los seguiremos utilizando durante toda la vida. Tenemos gestos agresivos, como colgar el teléfono con violencia o salir dando un portazo cuando no nos salimos con la nuestra, o bien acudimos al repertorio de manipulaciones infantiles intentando parecer simpáticos y dulces cuando queremos conseguir que alguien haga algo por nosotros. Muchas veces adoptamos conductas aniñadas (llamadas remotivadores pseudoinfantiles) con el objetivo de ofrecer una imagen de indefensión o vulnerabilidad y así motivar a un tercero a mostrarse amable, evitar que nos critique, o incluso hacer que nos “cuide” …

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