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junio 28, 2011

El simio interior. Activación agresiva y combate ritual.

La vida es una lucha constante entre nuestra faceta animal e instintiva y nuestra faceta humana, lógica, estratégica y social. Estamos convencidos de que nuestra conducta está a años luz de la de los simios, pero lo cierto es que nos resulta imposible reprimir el instinto de luchar por el poder, por el status, por el espacio, por la comida y por el sexo. El simio interior es una voz muy potente en la mente del ser humano. Pero ¿cómo influye en nuestra conducta cotidiana y en nuestro lenguaje corporal? El concepto se hace fácil de comprender si pensamos en las carreras de carritos de compras rumbo a la caja del supermercado, o en la vuelta a casa por la autopista al terminar el fin de semana largo … un momento en que definitivamente resurge el simio que todos llevamos dentro.

Ahora bien, si al igual que sucede con los simios, nuestras vidas giran en torno a la jerarquía, el poder y el status, cierto es que a diferencia de ellos, ponemos menos énfasis en la fuerza, y más en la carrera profesional, la clase social o el nivel económico.

Analicemos algunos ejemplos:

- Retraer los labios indica sumisión en el mundo de los simios. Nosotros hemos refinado esta señal convirtiéndola en la sonrisa. Por ella comunicamos que venimos “en son de paz”.

- El simio macho alfa pone de manifiesto su autoridad mediante el uso del espacio. Si miramos el reality show, “El aprendiz” advertiremos que el enorme tamaño de la mesa de despacho y de la butaca transmite una señal de autoridad parecida.

- La impasibilidad es otra característica de los machos alfa. Y los miembros de la realeza utilizan señales de este tipo con gran efectividad a la hora de establecer su posición jerárquica. De hecho, Lady Diana Spencer era el único miembro importante de la casa real británica que utilizaba técnicas de reflejo alterando su propio estilo de lenguaje corporal para adaptarse a las pautas de quienes la rodeaban, violando esta regla no escrita. La reina Elizabeth II, en cambio, proyecta constantemente una imagen de ausencia de empatía, esté con quien esté, característica del simio macho alfa y acorde con la tradición de su posición jerárquica.


ACTIVACION AGRESIVA Y COMBATE RITUAL

Al verse amenazados, los simios entran en un estado que se conoce como de activación agresiva. El sistema nervioso autónomo entra en acción, la adrenalina empieza a fluir por la sangre, el ritmo respiratorio se altera, la musculatura se tensa y el vello corporal se pone de punta. Esto les permite ejecutar un lenguaje corporal que se conoce como combate ritual que adopta la forma de golpes en el pecho, saltos, gritos, y mucho ruido. (La próxima vez que dos equipos rivales se enfrenten en un campo de fútbol, dedique algo de tiempo a observar las gradas. Los seguidores de cada equipo hacen exactamente los mismos movimientos.)

En los seres humanos son señales de activación agresiva la aceleración del pulso, una respiración rápida y superficial, un parpadeo acelerado, una emisión vocal más aguda, apretar los dientes, cerrar los puños. Y ante la situación en que un mono daría grandes zancadas de un lado a otro como señal de combate ritual, los seres humanos también dan grandes zancadas, andan con los brazos separados sacando pecho, ponen los brazos en jarras separando las piernas, adelantan la cabeza, gritan, agitan los puños, señalan con el dedo, fruncen el ceño.


SEÑALES DE DESPLAZAMIENTO.

Si pelear no es una opción, porque el otro simio ocupa una jerarquía superior, o sencillamente porque es más fuerte o más grande, surgen toda una serie de señales de desplazamiento. Entre los monos, este proceso suele acabar en agresiones autoinfligidas (la frustración hace que dirijan la violencia contra sí mismos) Y los seres humanos emplean técnicas similares: golpearse la mano con el puño, rascarse con violencia, tirarse del pelo, rechinar los dientes, morderse las uñas.

SEÑALES DE DISTRACCION

Son señales de “redirección”. Cuando un simio se siente atacado, es frecuente que haga gestos que en apariencia son totalmente incongruentes, como bostezar, acicalarse o rascarse … con la intención de “distraer” al potencial agresor.

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