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junio 27, 2011

La regla 7-38-55. Su marco y sus límites.

La regla denominada “7-38-55” se basa en dos estudios de 1967: el primero, publicado por Mehrabian y Wiener en el Journal of Personality and Social Psychology bajo el título “Decoding of Inconsistent Communications”, y el segundo, publicado por Mehrabian y Ferris en el Journal of Consulting Psychology bajo el título “Influence of Attitudes from Nonverbal Communication in Two Channels”. El primero compara la importancia relativa del sentido de la palabra frente al tono de la voz, y el segundo entre el tono de voz y la expresión facial. Mehrabian luego combinó los resultados de ambos estudios obteniendo la ratio “7-38-55” con que se conoce su “regla”, también conocida como la regla “de las tres V” (en alusión a los tres canales comunicativos verbal, vocal, visual). Expresada en forma sencilla esta regla sostiene que en un intercambio verbal de naturaleza emocional o actitudinal, cuando existe incongruencia o disonancia cognitiva, las palabras sólo cuentan en un 7% a los fines comunicativos, en tanto que las cualidades vocales (entonación, intensidad, velocidad) lo hacen en un 38% y el lenguaje corporal ocupa el restante 55%.

Esto es, más allá de lo que se diga, si el mensaje transmitido a través de los canales vocales y visuales no concuerda con el emitido a través del canal verbal, tendemos a priorizar lo percibido por los canales no verbales. Por ejemplo, si en una interacción social una persona afirma “No tengo ningún problema con vos” pero al propio tiempo se expresa de forma cortante, evita el contacto visual, presenta un lenguaje corporal cerrado o evidencia otros signos incongruentes con sus palabras, tenderemos a restar importancia a lo verbal para atenernos al mensaje transmitido por los restantes dos medios.

MARCO Y LIMITES DE ESTA REGLA.

Mehrabian enfatizó que esta “regla” era particularmente aplicable a la comunicación de sentimientos y actitudes, así como que sus términos no implicaban que la mayor parte del mensaje se transmitiera por vía no verbal, sino que su ámbito de aplicación propio era aquel en el que se verificaran hipótesis de “incongruencia”. Así, por ejemplo, durante una conferencia o presentación pública, independientemente del contenido o mensaje emitido, lo relevante para que el auditorio brinde credibilidad al orador será la concordancia entre el mensaje y su manifestación vocal y visual (entendiendo por tales la totalidad de las cualidades de la expresión vocal y el conjunto general del lenguaje corporal)

CONGRUENCIA E INCONGRUENCIA.

La comunicación “perfecta” es aquella en la que palabras, tono y gestos van al unísono. Comunican el mismo mensaje y se complementan. Se transmite una imagen honesta y genuina, se habla en serio. Los gestos genuinos preceden a las palabras en una fracción de segundo.

Ahora bien, el problema es que la comunicación incongruente no sólo aparece cuando se miente, o cuando se intenta engañar u ocultar algo. Las señales del lenguaje corporal pueden perder su sincronía por varios motivos. El más habitual es la timidez o la vergüenza. La timidez genera torpeza física. Cuanto más observados y analizados nos sentimos, más torpe se vuelve el lenguaje corporal. Y cuando las palabras bailan el tango, el tono de voz danza a ritmo de vals y el lenguaje corporal está inmerso en un hip hop, las señales no encajan. Qué sucede entonces? Pues que ante la disonancia cognitiva experimentada por la recepción de señales incongruentes, los interlocutores (o la audiencia) optarán por la señal más fiable: en otros términos, se guiarán por el lenguaje corporal como el comunicador más honesto.

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