1. Abandonemos nuestras conversaciones autodestructivas. Oh sí! Cuántas horas pasamos dañándonos a nosotros mismos con conversaciones internas negativas, tremendamente repetitivas y altamente contaminantes para nuestro bienestar emocional? En vez de optar por esa especie de autoflagelación, por qué no probamos cambiar nuestros paradigmas? En vez de repetirnos todo lo que hicimos o estamos haciendo mal, decidámonos de una buena vez a salir de nuestra "zona de confort" -que además no es nada confortable, por cierto- dejémonos de lastimarnos y pongámonos en acción!!!! Sólo la acción conduce al resultado!!!

2. Abandonemos nuestras creencias limitantes
acerca de lo que podemos o no podemos hacer, lo que es posible o imposible para nosotros. Cortemos las ramas a las que estamos aferrados y despleguemos las alas porque las tenemos! y podemos volar! Liberemos nuestras potencialidades tanto creativas como operativas! Y como escribiera Mark Twain, "soltemos amarras y abandonemos el puerto seguro". Explora, sueña, descubre! Dios envía el viento, pero es el hombre quien debe, primero, soltar amarras y luego, desplegar las velas, sabiendo que no nos será dado descubrir nuevos mundos a menos que estemos dispuestos a perder de vista la orilla por un tiempo.

3. Abandonemos la resistencia al cambio. Pretender que no haya cambio es inútil. Ni siquiera las piedras lo logran, sometidas como están a erosión por los elementos naturales!! Lento o veloz, no sólo el cambio es en sí mismo inevitable, sino que sólo el cambio nos permite avanzar, mejorar, desplegarnos! Por eso, cultivemos la plastividad y abracemos el cambio!. Por supuesto que en el proceso deberemos transitar ambigüedades, zonas grises, equivocaciones. Démonos permiso para no tener todo claro, démonos permiso para la exploración, el descubrimiento, la aventura, démonos permiso para aprender!!!!

4. Abandonemos nuestros miedos. El miedo como tal no existe. Es algo que experimentamos porque nosotros mismos lo creamos. Está en nuestras mentes y nos paraliza aun cuando sabemos que sólo la valentía y el coraje nos conducirán a los resultados extraordinarios que anhelamos. En palabras de Franklin D. Roosevelt, la única cosa a la que le tenemos que tener miedo, es al miedo mismo. Abandonemos el miedo!


5. Abandonemos nuestras excusas. Hora de decirles que hagan las valijas, y que están definitivamente despedidas de nuestra vida, y sin indemnización !!! No necesitamos excusas! Por qué? Porque en la vida, o tenemos excusas o tenemos resultados. Sabés de alguna excusa que haya llevado alguna vez al resultado? Entonces? Qué vamos a elegir: las excusas o los resultados? Y la pregunta fundamental: Quién elige?

6. Abandonemos la queja. Dejemos de lado la necesidad de protestar acerca de tantas, tantas, taaaaaaaaaaaaantas cosas, personas, situaciones, hechos, que nos vuelven infelices y deprimidos. En rigor de verdad, nada ni nadie puede hacernos miserables, salvo que nosotros mismos lo permitamos. ¿En serio vamos a darles ese poder? No son las cosas, las personas, las situaciones o los hechos lo que dispara esas emociones en nosotros, sino la manera como elegimos mirarlas. Busquemos alternativas! Tomemos decisiones! Y nunca subestimemos el poder del pensamiento positivo, que no es sinónimo de ingenuidad, sino auténtica liberación de nuestro potencial creativo.

7. Abandonemos el pasado. El futuro puede lucir atemorizante, desmoralizador, hasta siniestro!, pero añorar el pasado no es la respuesta a los desafíos del presente. El presente, ese instante efímero, es todo lo que tenemos ... y todo lo que tendremos, siempre. Si nuestro presente es el resultado de nuestras decisiones de ayer, nuestro futuro será el resultado de nuestras elecciones de hoy. Estar "presentes" en el aquí y ahora debería convertirse en un lema, porque justamente, la vida es un "presente", no sólo como tiempo verbal, sino como un "regalo". El presente es un regalo, y sólo podremos definir nuestro futuro focalizándonos en el presente. Como expresaría algún pensador estoico, dejemos de resistir lo que no puede ser cambiado (y el pasado está inexcusablemente en esa categoría) , y pensemos en lo que sí puede serlo, ... y hagámoslo.

8. Abandonemos el apego. Es éste un concepto dificil de aprehender, sobre todo para quienes estamos formados en el mundo occidental. Y además no sólo es difícil de asir conceptualmente. Todavía más difícil es a la hora de implementarlo!!! Pero bueno, básicamente, la diferencia entre el apego y el amor pasa por el miedo. El apego surge de nuestros miedos, de nuestras carencias, de nuestra desconfianza. Sustityamos el apego por el amor. Simple, puro.

9. Abandonemos la necesidad de impresionar a los demás. No considero que la humildad sea una virtud, si es que ello implica estar desconectados de nuestras capacidades o negar incluso deliberadamente nuestros talentos, ya sea en una especie de ceguera, o en el peor de los casos de desdén por los dones recibidos (y trabajados!). Por eso, a mi gusto, la cualidad o palabra más adecuada para contrastar con la soberbia es "sencillez". Desde la sencillez nos despojamos de todo intento de impresionar a los demás, y de "tener que probar" que somos superiores, más exitosos, más competentes, más atractivos, más carismáticos... Qué tal si reemplazamos esa competencia con los demás por la competencia con nosotros mismos? Cuánto podemos desafiarnos a crecer? a ser mejores personas en un sentido integral?

10. Abandonemos la presión de cumplir con las expectativas de los demás. Estamos viviendo realmente nuestra propia vida? O es acaso una mezcla de expectativas de otras personas? De nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestros amigos? De nuestros enemigos? Cuántas veces caemos en esta trampa y, silenciando nuestra voz interior que clama a gritos por un camino diferente, terminamos ocupadísimos tratando de satisfacer expectativas ajenas en un auténtico síndrome de agradar y complacer, que drena nuestras energías y nuestra alegría convirtiendo nuestra existencia en un trabajo permanente!!! Mientras tal vez por otro lado nosotros mismos intentamos controlar la vida de otras personas, hemos perdido la brújula de la propia, sepultando en el proceso aquello que nos hace felices, deseamos, precisamos. La vida que sostienes está en tus manos. No dejemos que nadie nos robe nuestro peculiar destino.

11. Abandonemos la necesidad de controlar. Ay, esa necesidad de estar siempre en el tablero de mando, disponiendo y verificando todo cuanto acontece ... Qué tal si probamos por un rato quedarnos únicamente al timón de nuestras propias vidas en vez de tratar de digitar las de los demás? Qué tal si dejamos de indicarles a los otros lo que deberían hacer, decir, pensar? Reconocer la dignidad esencial de cada uno de nuestros semejantes es la manera más rotunda de defender la nuestra.

12. Abandonemos la necesidad de tener siempre la razón. ¿Cuántas veces no podemos siquiera soportar la idea de que no se nos reconozca que estamos en lo cierto, aun a riesgo de comprometer y hasta dar por terminadas relaciones valiosas por ello? Vale la pena? Toda vez que sintamos la urgente necesidad de discutir sobre quién tiene razón y quién no, preguntémonos: Cuál va a ser la diferencia al cierre de esta discusión? Si no la hay, o si tal vez la diferencia sea más bien el deterioro que la consolidación de un vínculo valioso, podría preguntarme: qué voy a priorizar? tener la razón o preservar la relación? Y conste que esto no implica dejar de exponer mi pensamiento, ni abdicar de mis ideas, ni someterme a los designios de otro, nada de eso!! Significa, simplemente, por un lado, poner en práctica el respeto por las posiciones de los demás (legitimarlas como tales no implica en modo alguno "darlas por válidas"), posiciones que además no van a cambiar si simplemente procuramos "demolerlas" (más bien al contrario, las estrategias defensivas suelen "solidificar" las posiciones contrarias), y significa también, por otro lado, aprender la significativa habilidad de decidir cuándo y dónde vale la pena "luchar", así como qué vínculos estoy dispuesto a arriesgar y cuáles prefiero preservar. Toda una destreza!

13. Abandonemos la necesidad de culpabilizar. Basta ya de echarles la culpa a los demás por lo que tenemos o lo que no tenemos, por cómo nos sentimos o no nos sentimos. Qué tal si probamos dejar de darles el poder a los demás y empezamos a hacernos cargo de nuestro propio bienestar? Asumir la responsabilidad de nuestra propia existencia implica abandonar la postura que nos hace víctimas de personas o eventos externos "culpables" de lo que nos pasa. Implica alejarnos del resentimiento, la resignación y la impotencia. Y sobre todo implica dejar de pensar en que tenemos "problemas a resolver", cuando lo que tenemos son "decisiones a tomar".

14. Abandonemos la crítica inconducente. Salvo que estemos promoviendo el desarrollo del pensamiento científico, o argumentando fundadamente sobre cursos de acción, abandonemos el impulso de emitir juicios livianos, con la pérdida de tiempo y energía que tal actividad conlleva.

15. Abandonemos la cerrazón mental. Basta de cerrar nuestras mentes a aquellas cosas, personas o eventos que no comprendemos mediante el expeditivo recurso (además intelectualmente barato) de emitir juicios infundados y despacharlos con "etiquetas". Dejemos de lado nuestra cerrazón mental, porque de otro modo, y para emplear una metáfora absolutamente "doméstica", como niños, nunca hubiéramos podido salir del menú único de puré de zapallo para conocer las milanesas con papas fritas ... Las mentes sólo pueden trabajar cuando están abiertas. Abiertas a nuevas ideas, a nuevas formas, a nuevas conexiones. Ni nuestros gustos personales ni nuestro juicio crítico quedarán en modo alguno comprometidos por nuestra apertura mental. Pero abrir las opciones del menú implica en todo caso, sí, ampliar nuestras posibilidades de disfrutar y de aprender. Qué vas a elegir?